agua“Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”
De la Proclama Insurreccional de la Junta Tuitiva de La Paz, 1809
En memoria de l@s Maestr@s André Vernot Santamaría (1937-1991), Mario Calderón Villegas (1946-1997), Jorge Hernández Camacho (1935-2001), María Cristina Salazar (1931- 2006), Orlando Fals Borda (1925-2008), Germán Zabala Cubillos (1926-2009), Thomas Van Der Hammen (1924-2010), Augusto Angel Maya (1933-2010) y tant@s otr@s que dedicaron sus vidas –entre otras actividades humanitarias y científicas- a mostrarnos los desastrosos efectos sociales y ambientales del maldesarrollo capitalista.

INFORMACION BASICA
El calentamiento global es el aumento de la temperatura media vital del planeta (15ºC) producto de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), debidos al consumo energético humano basado en combustibles fósiles (petróleo / gasolinas, carbón, madera) productores a su vez de altas concentraciones de dióxido de carbono.
Los estudios científicos respectivos han determinado que a tal aumento de la temperatura se deben fenómenos atmosféricos como “la Niña” y “el Niño”, por el calentamiento o enfriamiento excesivo y cambio de la dirección de las aguas del Océano Pacifico frente a Suramérica por su interacción con los vientos Alisios. Un efecto similar al calentamiento de las aguas superficiales de las aguas del Caribe, a lo cual se debe que hace dos décadas de cinco o seis tormentas tropicales una o dos se transformaban en huracanes, pero ahora, con más de una decena de tormentas anuales, seis u ocho se transformen en huracanes como el Katrina, que destruyó a New Orleans en Agosto de 2005.
En la práctica, la atmosfera ha variado dramáticamente, cada año se soportan condiciones y temperaturas extremas sin antecedentes, que significa ausencia de lluvias, sequías por meses, heladas, incendios forestales –de una parte, y de otra- oleadas invernales, inundaciones de las zonas bajas y deslizamientos de antología de laderas inestables rurales y urbanas, taponamiento y caída de puentes, ahogamiento de cultivos y ganados y desastres con millones de víctimas humanas, como lo muy actual en Europa, USA, China, Australia, Brasil o Colombia.
Y todo sucede pese a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático –CMNUCC- que se recomendó en Río/92 y se acordó en New York ese mismo año, pudo concretarse en el llamado Protocolo de Kioto (1997, sin la aprobación de USA), pero solo entró en vigencia en 2004, se modificó en Nairobi (2006), tuvo dos citas en 2010 (Copenhague/enero y Cancún/diciembre) sin lograr que los países desarrollados -en particular USA, UE, China, Japón) se comprometieran de manera efectiva a controlar sus emisiones carbónicas (porque lejos de reducirlas según el compromiso de Kioto, las aumentaron el 11.2% entre 1990 y 2007) para afectar la temperatura en máximo 1ºC hacia 2025, cuando con el ritmo actual de emisiones producirían aumentos de más de 3ºC, con consecuencias desastrosas como el derretimiento de los polos y glaciares (incluidos los de los Andes), desaparecimiento de naciones insulares, reducción de la producción de alimentos e incremento del hambre (hoy 1.000 millones de personas), aumento en dos décadas a 200 millones de migrantes ambientales (hoy 50 millones) y demás desastres denunciados por la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y en Defensa de la Madre Tierra (23 abril 2010, Cochabamba, Bolivia).
Asistimos a una auténtica crisis civilizatoria, como producto de la especulación financiera global y las corporaciones multinacionales que manejan a los gobiernos del maldesarrollo, que han impuesto su esquema económico depredador, hambreador y de energía contaminante al mundo. Crisis civilizatoria pues los problemas ambientales son rigurosamente humanos, es la humanidad la que está en riesgo de sucumbir por incapacidad de adaptarse a la naturaleza única y compleja de la cual depende la vida en sus múltiples manifestaciones. La naturaleza se comporta de acuerdo a como la tratan, los ríos seguirán tan tercos como siempre, los vientos actuando y la vida fluyendo.
COLOMBIA, UN DESASTRE CONTINUADO
No todo se debe a la producción de carbónicos y fluorocarbonados de los países maldesarrollados y sus imposiciones económicas y políticas. En Colombia, desde hace décadas cada vez que llueve nos inundamos y si deja de llover por unas semanas, se anuncian restricciones por el bajón de las aguas en los embalses de los cuales depende la energía para esa mal llamada “economía” y la vida cotidiana, desde el bombillo hasta los equipos médicos hospitalarios, pasando por los computadores y la TV.
Las entidades, incluso las llamadas de prevención de desastres, que lo son de atención de emergencias (exactamente la consecuencia de no prevenir) y los periodistas de los grandes medios se quejan y difunden como victimaria a la víctima: “de nuevo la naturaleza se ensaña contra los pobladores ribereños”, “la naturaleza castigó a Popayán en la Semana Santa de 1983”, “el invierno inclemente creció al rio Magdalena que acaba de inundar todas las poblaciones del medio y bajo Magdalena”, “un arroyo en Barranquilla cobró la vida de otros dos niños”, “se deslizo un barrio, cuatro muertos” en Bucaramanga, Manizales, Bogotá o Medellín, que ya no son noticia de tanto repetirse.
La causa de las tragedias no es el invierno o el fenómeno atmosférico de “La Niña” o “El Niño”, ni el desbordamiento de los ríos. Igual que no fue el terremoto la causa de la tragedia en el Eje Cafetero en Enero de 1999. Al contrario. Las tragedias son la consecuencia de que no corregir las causas que las producen. “No se hizo en el verano lo que el invierno mostró”, decían los abuelos. Hay ejemplos sencillos sobre lo que significa un desarrollo sustentable o sostenible, diríamos mejor soportable: El leñador del bosque que recoge del suelo las ramas secas pero no acaba con los árboles que las producen. El campesino que alimenta a sus hijos con la leche que le produce la vaca sin sacrificarla en su etapa productiva. Pero ojalá todos los ejemplos pudieran tener esa connotación sencilla y sus consecuencias en el plano real pudieran ser menos dramáticas que lo que ha convertido a Colombia en un desastre continuado.
MONOCULTIVOS, POTRERIZACION Y DESECACION DE CIENAGAS
No se respeta la norma que indica que debe dejarse intacta la vegetación de 50 mts a lado y lado de las orillas de toda fuente de agua. El ejemplo de la “cultura cafetera” colombiana es concluyente, la tala de los árboles de la finca cafetera de los años 50s del siglo pasado, para el pleno sol de las exportaciones cafeteras (que es extensible a cualquier monocultivo e incluso a la tala o “limpieza” para el asentamiento de un barrio en cualquier ladera urbana) explica no pocos de los desastres recurrentes de Colombia desde entonces y que cada vez son más graves.
Aquel “desarrollo” significó la destrucción de los bosques y de la diversidad de la finca cafetera. Se sembró café (la variedad caturra a cambio del arábigo) hasta en los patios y las microcuencas. Por algo el símbolo del Quindío es un hacha clavada sobre el corazón del corte de un gran árbol talado. Se acabó con los árboles frutales de larga duración, su corte inició el proceso de pudrición de las viejas raíces –que son la columna vertebral de los suelos- y con ello estos -los suelos- perdieron consistencia. Fue cuestión de tiempo para que -de una parte- las lluvias arrastraran la capa vegetal montaña abajo y -de otra parte- se secaran las microcuencas y se alterara el conjunto del régimen de aguas y ambiental regional. Se crearon así las condiciones para los agudos problemas de agua de las actuales zonas medias cafeteras y para que esa inmensa sedimentación llegara al río Magdalena, que perdió profundidad, se sale de madre cada año, rebasa diques e inunda miles de hectáreas y no pocas poblaciones. Cuando bajan las aguas llegan las epidemias.
El país todavía recuerda el impacto del “desastre natural” de la avalancha del río Páez en el Cauca de 1994. Las comunidades indígenas y campesinas afectadas dijeron que “los dioses y la madre tierra los habían abandonado”, pero la verdad es que ese acontecimiento tuvo todo que ver con décadas de explotación cafetera, ganadería y sobrepastoreo de las tierras altas y medias de la cuenca del río. Solo que allí la capa vegetal no se fue deslizando como en el eje cafetero, sino que los suelos se mantuvieron llenando de agua lo que antes fueron circuitos vitales, hasta que hubo el movimiento que las deslizó produciendo la avalancha.
Hay una relación de causa a efecto (la humanidad se demoró mucho tiempo en ver la relación entre el coito y el parto después de nueve meses, nos recuerda el ambientalista Gustavo Wilches-Chaux), entre la producción de algodón y el proceso de creciente desertificación en el Cesar, el crecimiento de la agroindustria de la palma africana en las cuencas de la Costa Pacífica sur y la inhumana concentración poblacional en Municipios como Tumaco, que además está asentado ante una falla geológica frente a sus playas o la pérdida de playas por la tala de los manglares para la cría de camarón en cautiverio por parte de los industriales del Valle. Hoy (transición 2010/2011) ese Pacífico sur y también al norte están ahogados, hay que sumergirse para cosechar la papachina, dicen desde el bajo San Juan en el Chocó.
La desecación de ciénagas para la ganadería extensiva en las sabanas del Magdalena Medio, las palmas aceiteras y agro/necro/combustibles que siguen –literalmente- tragándose los campos productivos de Colombia en el Meta y el Chocó, en Antioquia y los Santanderes, en Caquetá y Bolívar, en el medio y bajo Magdalena, Córdoba, Sucre, Arauca o Casanare.
Todo el Valle y el Norte del Cauca es un mar de monocultivo de caña de azúcar, donde las islas son las poblaciones afrodescendientes que trabajan para los ingenios bajo condiciones prácticamente esclavistas en las mismas tierras que un siglo atrás eran propiedad de sus mayores. Fue “la guerra de la caña contra el cacao”, del monocultivo contra la finca ancestral que tenía árboles frutales, cultivos de pancoger, plantas aromáticas y medicinales, que ya sabemos quien ganó y con qué consecuencias, incluidos los enormes desplazamientos a Cali y los asentamientos precarios, como la poblada Aguablanca en las tierras arrebatadas al río, siempre ante el riesgo inminente, letal y anunciado de las inundaciones de cada año por el encajonado río Cauca. Tragedias “telegrafiadas” como la de los asentamientos de la pobreza acumulada en las orillas del Río Otún, muy visibles desde el viaducto que conecta a Pereira con Dosquebradas y que tiene el significativo nombre de “Cesar Gaviria Trujillo”.
Las contradicciones están al orden del día, los megaproyectos (BID) para el Pacífico incluyen carreteras al mar, canal interoceánico, concesiones industriales y complejos turísticos, muelles y puertos para la exportación, que claramente destruirán una riqueza ecológica y social reconocidamente frágil y muy importante y por otra parte especula con un Programa (Biopacífico) que pretende todo lo contrario, conservación y desarrollo sustentable.
Se construye sobre suelos inconsistentes o –peor- sobre fallas geológicas, lo que esté en la superficie de esos suelos –vías, cultivos o barrios- tenderá a caer. Si -además- hay terremotos –que son normales, porque el subsuelo se mueve- y -para completar- las construcciones tienen entrepisos de cemento sin vigas de amarre o se construye sin control de calidad de los materiales, las casas tenderán a caer, los entrepisos de cemento aplastarán, los deslizamientos ahogarán en barro las viviendas, los cultivos y las vías.
En el Caribe colombiano –en la última década- se desecaron 25 mil hectáreas de humedales, que son las áreas de expansión natural de los ríos en temporadas de lluvias fuertes, hacer esas desecaciones para monocultivos y ganadería explica las inundaciones crecientes de cada año desde la depresión Mompoxina y el actual desastre invernal del Bajo Magdalena que incluyó ésta vez la rotura del canal del dique y el ahogamiento de prácticamente el Departamento del Atlántico y porciones de Córdoba, Sucre y el Cesar.
HIDROELECTRICAS, HIDROCARBUROS Y MINERIA A GRAN ESCALA
“Hidroeléctrica” o “Proyecto Hidroeléctrico” es sinónimo de canalización y represamiento de quebradas, ciénagas y ríos, acabose y ahogamiento de bosques, vías y cultivos agropecuarios, cierre de la pequeña minería, la pesca artesanal y la producción de alimentos, desplazamiento masivo de campesinos y poblados enteros, alteración radical del régimen de las lluvias y microclimas regionales.
“Es como si una bestia milenaria hubiera llegado a nuestras tierras, todo lo cambió, dañó las carreteras y los puentes con sus grandes camiones y transportes de carga pesada, hasta las costumbres cambiaron, fueron llegando los trabajadores, técnicos, ingenieros y después el alcohol, los bares y las prostitutas, a muchos se les hizo la comida y se les dio albergue, pero después se fueron dejando todas las deudas que se imagine y no pocos problemas, hogares destruidos y embarazos de las jóvenes que abandonaron sus estudios y por ahí andan ahora lidiando con sus pequeñ@s sin padre. Eso no es como lo pintaban, que era un milagro para la región, que empleo y progreso para todos, que va, una pesadilla. Y ahora a pagar esas tarifas de energía más costosa que la que se paga en Medellín, siendo que somos nosotros los que la producimos, eso es lo que deberían aprender las gentes del Oriente de Caldas, que les están diciendo lo mismo con el Proyecto de La Miel” dice una entrevista a profundidad en el Oriente Antioqueño en los años 80s, cuando las represas de San Carlos, Guatapé, Guarne, El Peñol y San Rafael.
La lista es larga, en la misma Antioquia, en el Nordeste, se lidia con Porce II y III y la todopoderosa EPM anuncia Porce IV y Ermitaño que afectará en conjunto a Guadalupe, Gómez Plata, Carolina, Amalfi y Anorí. En el Norte dan pasos de animal grande con el Proyecto Pescadero – Ituango que afectaría a Ituango, Peque, Buriticá, Briceño, Toledo, Sabanalarga y Liborina. En el Sudeste, Cañofisto con su presa en Santafé de Antioquia y Anzá, y afectaciones sobre Betulia, Armenia, Titiribí, Venecia, Bolombolo y La Pintada. El Guavio afectó a Guasca, Ubalá, Gachalá, Guachetá, Gama y Junín (Cundinamarca) que todavía hoy no reconstruye las vías regionales, ni responde por las múltiples afectaciones en esa región. Hidosogamoso afectaría a Betulia y San Vicente de Chucurí (Santander).
La represa de Betania afectó a Yaguará, Hobo, Campoalegre y Gigante en el Huila, represa que además perdió no menos de diez años de vida útil a raíz de la avalancha del Páez (1994), primer tributario del alto Magdalena. Ahora se anuncia el proyecto de El Quimbo que afectaría a Altamira, Gigante, Garzón, Paicol, El Agrado y Tesalia (Huila).
Las obras de la hidroeléctrica Urrá I son de antología respecto del perjuicio causado al ambiente regional de Córdoba, esto es, a toda la cuenca del rio Sinú desde Paramillo hasta su desembocadura en el Atlántico y los tremendos traumatismos a las comunidades indígenas Emberá-Katios desplazadas. Urra II sería el acabose para estas comunidades sobrevivientes y afectaría 58.000 Has. de selva húmeda tropical. La represa de Los Besotes contra los ríos Guatapurí y Ranchería y los pueblos Wiwa, Arhuaco y Kankuamo (Guajira). Desde 1986 con la cuenca del río Anchicayá se originó la represa de La Salvajina, aún hoy hay reclamos por las afectaciones e incumplimientos de la CVC y nuevas amenazas para las poblaciones de Buenos Aires, Suarez y Morales (Cauca). El llamado Proyecto Multipropósito Gamuez con la Laguna de La Cocha (Nariño). La Miel I y II (Oriente de Caldas) significan desmanejos para los ríos Guarinó, La Miel, Moro, Manso, Samaná, Tenerife y Pensilvania, con afectaciones incalculables para los municipios de Samaná, La Victoria, Marquetalia y Pensilvania. Y así por el estilo en cada parte es urgente evaluar la situación, ponerle geografía y nombres propios comunes a muchas de éstas dolencias territoriales y sociales, como Brisa, Endesa, Engesa y Unión Fenosa.
La misma semana en que se presentó el informe de la Convención Marco de la Naciones Unidas sobre Cambio Climático en 2009, la Agencia Nacional de Hidrocarburos abrió una subasta internacional de 48 millones de hectáreas para la explotación de hidrocarburos y minería a gran escala. Alfredo Molano en reciente artículo (Conflicto Minado, El Espectador, 23-01-11) afirma que entre el 2002 y 2009 se paso de un (1) millón a 8.5 millones de hectáreas en áreas tituladas para la gran minería (un área similar a la utilizada para la agricultura) y anota que una sola de las exenciones tributarias que dio Uribe a las multinacionales de la gran minería es mayor al presupuesto del Ministerio de Agricultura.

La Defensoría delegada para el Medio Ambiente denunció recientemente (El Espectador, 25 de Enero de 2010) que 22 páramos (de los 34 que existen) están en grave riesgo de desaparecer y afectar el 70% del agua que consume el país, de ponerse en marcha los 391 títulos mineros ya concedidos sobre más de 109.000 hectáreas para la extracción de oro y carbón, que cubren prácticamente a todo el país, así, Rabanal / Bogotá (Altiplano Cundiboyacense), Pisba / Cravo Norte y Tota / Bijagual / Mamapacha (Boyacá – Casanare), Iguaque / Merchán y Cocuy (Boyacá), Guerrero y Chingaza (Cundinamarca), Guantiva / Rusia (Boyacá – Santander), Cruz Verde / Sumapaz (Cundinamarca – Huila – Tolima), Guanacas / Puracé / Coconucos (Cauca – Huila), Cerro Plateado (Cauca – Nariño), Chiles / Cumbal (Nariño), Tamá (Norte de Santander), Las Hermosas (Tolima – Valle), Doña Juana / Chimayoy (Nariño), La Cocha / Patascoy (Nariño), Nevado del Huila / Moras (Cauca – Huila – Tolima), Nevados (Caldas – Quindío – Risaralda – Tolima), Chili /Barragán (Quindío – Tolima – Valle del Cauca), Belmira (Antioquia), Almorzadero (Santander), Santurbán (Santander – Norte de Santander). Ya se conocen las valientes y numerosas denuncias sobre las pretensiones de la multinacional Anglo Gold Ashanti sobre 500 Has. del Cerro La Colosa en Cajamarca (Tolima) con nefastas consecuencias para esa reserva forestal / faunística y el agua de cuando menos 500.000 hbts. y el llamado Proyecto Minero Chaparral que afecta además a Ataco, Ortega y Coyaima (Tolima). También es conocido lo sucedido a los Wayuu con la explotación del carbón del Cerrejón (Guajira) y lo que sucede con la contaminación por carbón a la pesca y a las playas de la Costa Atlántica, incluidas las turísticas Cartagena (Bolívar) y Santa Marta (Magdalena). En suma, estos inventarios deben completarse región a región, para determinar el que hacer en cada parte local, regional y nacionalmente. No podemos permanecer en la denuncia. El inventario de los atropellos -región a región- debe tener el destino de un rotundo basta ya en cada parte.
EL MALESTAR URBANO
En ciudades como Bogotá la contaminación por industrias y automotores ha llegado a límites insoportables. Hay riesgos por deslizamientos en todas las Localidades de los Cerros Orientales (Usaquén, Chapinero, Santafé, San Cristóbal, Uribe Uribe y Usme). Hacinamiento y pobreza crítica en toda la ciudad. La pobreza y la miseria agobia a las ciudades, se rebusca (vendedores ambulantes, mototaxistas y otros oficios), deambula, se prostituye, mendiga y duerme en las calles de las ciudades, se asocia al “miedo” ambiente y muestra de cuerpo entero los resultados del maldesarrollo. Inundaciones en todas Localidades de Occidente (Tunjuelito, Bosa, Kennedy, Fontibón, Engativá y Suba). Basta una lluvia para que los taponantes plásticos faciliten las inundaciones y el reconocido caos del transporte.
El desmanejo de residuos sólidos en la capital suma la cifra increíble de 7.000 toneladas/día de desperdicio energético de papel, vidrio, plásticos, metal, pero principalmente se desperdician 4.000 toneladas/día de residuos orgánicos, que son riqueza física, química y microbiológica necesaria para recuperar suelos agotados, hacer agricultura limpia, producción energética alternativa, concentrados para la cría y levante de animales como peces y aves, pero que -hoy por hoy- solo sirven como focos de infección e insalubridad. Se paga millones para enterrar millones a producir daños ambientales a las aguas y a la atmósfera, justo con la materia prima para recuperar las cuencas y los suelos, esto es, para proteger el agua y la producción de los alimentos.
Y .. QUE HACER ?
Otra economía, otra política, otra cultura, otra sociedad son posibles y urgentes. El Gobierno declaro la “Emergencia económica, social y ecológica” (Decreto 4580/10) que canaliza varios billones cuyos beneficiarios están a la vista, el sector financiero y la politiquería regional que con ellos hará sus campañas electoreras y extenderá la muy nociva cultura de la mendicidad, agregando a la pobreza material la pobreza espiritual de la pérdida de voluntad. Solo esto constituye un riesgo adicional al del desplazamiento en sí.
Desde los desastres “no naturales” de Armero (1985) y la avalancha del rio Páez (1994) aprendimos que los damnificados pobres deben organizarse para que no les escamoteen sus derechos, pues -ejemplo- quien haya perdido a su madre, incluso fuente exclusiva de sus ingresos es un huérfano, tiene menos derecho que quien haya perdido una vaca, pues por el animal puede recibir un crédito. La “calidad de damnificado” solo la podía esgrimir quien tuviera propiedades. Ahora va a suceder algo similar, terratenientes y ganaderos podrán inflar sus pérdidas, pero el campesino sin tierra (pescador artesanal), el arrendatario, el desplazado simple, a cuál alojamiento, por cuánto tiempo, a cuánta ropa y raciones de comida podrá aspirar (?). En tal sentido la organización para la emergencia en cada parte es un imperativo vital. Porque los damnificados son la prioridad en términos de atención inmediata a sus necesidades básicas de alimentación y vivienda, de protección y restauración efectivas del entorno cercano, incluyendo el saneamiento ambiental o mínimo vital, la educación estable de sus niñ@s y jóvenes e ingresos básicos familiares.
La necesaria prevención es otra cosa. Están telegrafiadas las tareas iníciales de otra cultura para la vida: hay que hacer gestión de riesgos en el campo y las ciudades, tener consideraciones ambientales para las obras civiles como puentes y vías, hacer los semilleros de árboles nativos y reforestación con esos árboles nativos en el millón de microcuencas y cuencas afectadas en Colombia, hacer el dragado de las grandes aguas sedimentadas con las capas vegetales durante tres décadas, hacer manejo integral de residuos en las grandes ciudades, principalmente los orgánicos y verdes que -se insiste- son la materia prima para la producción de los suelos necesarios para la reforestación de las cuencas y la producción de alimentos, con urgencia debe hacerse valoración de la sismoadaptabilidad de las viviendas y construcciones urbanas, en particular en los barrios populares de todas las ciudades.
Nada de lo anterior será posible sin la organización socio-empresarial campesina y municipal, porque un millón de cuencas no se recuperan sin la participación consciente de los vecinos de las veredas colindantes con la cuenca, ni sin la organización de los viveros con semillas de arboles nativos en todas las escuelas rurales, ni habrá valoración de riesgos urbanos sin la organización socio-empresarial de base en los barrios, para registrar las filtraciones en las laderas y áreas inundables, para ubicar viviendas con entrepisos sin vigas de amarre, las conexiones eléctricas hechizas y tapar albercas y aislar pozos donde se ahogan “accidentalmente” decenas de niñ@s anualmente.
La pobreza y la miseria que agobia a las ciudades, debe afrontar la organización de bolsas de ofertas y demandas populares para visibilizar y apalancar la enorme economía social que al margen de las cifras oficiales explica la sobrevivencia de las mayorías empobrecidas.
Una nueva cultura, una nueva sociedad despunta: oponer a la competencia la cooperación, al interés por la opulencia y el derroche la austeridad, al consumismo y el gigantismo la frugalidad en el comer, el vestir y el vivir, el respeto a la vida en todas sus formas, sembrar no solo un árbol sino bosques, fraternidad cierta y solidaridad efectiva entre los seres humanos y genuino afecto y protección a los animales.
El 2011 debe ser el de la ruptura con ese “silencio bastante parecido a la estupidez” que los colectivos ambientalistas y el movimiento social hemos guardado ante tantas certezas.
La sociedad en su conjunto debemos asumir la reorganización territorial del país, desde las indiscutibles regiones naturales y sus complejidades (costa atlántica, costa pacífica, región andina, orinoquía y amazonía), con enfoque de cuenca y de alta montaña, que son los límites y conexiones naturales que la geografía señala, para emprender la defensa de los territorios, la autosuficiencia alimentaria local y regional, la recuperación y protección de los cuerpos de agua, el cambio de las ganaderías extensivas por sistemas silvopastoriles, el dicho manejo integral de residuos regionales y de las ciudades.
La proactividad con los gobiernos es un imperativo legítimo y legal -porque tienen la obligación constitucional y de ley (472/98) de atender las aspiraciones sociales-, los partidos políticos -que deberán evolucionar hacia el fomento permanente de auténticas y diversas empresas engranadas al bienestar social integral y no solo confluencias propagandísticas episódicas para ganar elecciones y actuar como agencias de empleos públicos para sus clientelas-, la academia -ante la responsabilidad de que su reflexión y elaboraciones apunten a la transformación cierta de realidades geográficas y sociales agobiantes-, las iglesias y comunidades religiosas disponerse a servir y no solo servirse del pingüe negocio de la educación media y superior, de la angustia, la ignorancia y la pobreza material de las inmensas mayorías. Y sumarse a la urgencia por reinventar un país llevado a los extremos de la desesperanza con su inocultable complicidad eclesial.
Las bases campesinas y urbanas, l@s jóvenes e intelectuales conscientes, los colectivos ambientales, sociales y políticos alternativos, no podemos atenernos más a los criterios, ni a los ritmos de la politiquería nacional, ajenos por completo al entorno cercano donde transcurre la vida cotidiana. Cuando lleguen los políticos -que ya están preparando sus discursos, cuñas, afiches, pancartas y encuestas- deberán ser recibidos con las agendas ambientales locales y regionales, donde el estado del agua, del aire, de los suelos y las urgencias sociales se hagan visibles como Mandato para tod@s, más ahora cuando el maldesarrollo capitalista y la politiquería ha llegado al cinismo e inmoralidad de disfrazarse de “verdes” y llamar “solidaridad” a las distintas modalidades de la mendicidad, que nos avergüenza y empobrece espiritualmente como sociedad.
Como hace algunos meses dijo el escritor colombiano William Ospina en una conferencia sobre Educación (Buenos Aires, Sep. 13/15 de 2010): “A lo mejor los grandes paradigmas al cabo de cincuenta años no serán como para nosotros el consumo, la opulencia, la novedad, la moda, el derroche, sino la creación, el afecto, la conservación, las tradiciones, la austeridad. Y a lo mejor ello no corresponderá ni siquiera a un modelo filosófico o ético sino a unas limitaciones materiales. A lo mejor lo que volverá vegetarianos a los seres humanos no serán la religión o la filosofía sino la física escasez de proteína animal. A lo mejor lo que los volverá austeros no será la moral sino la estrechez. A lo mejor lo que los volverá prudentes en su relación con la tecnología no será la previsión sino la evidencia de que también hay en ella un poder destructor. A lo mejor lo que hará que aprendan a mirar con reverencia los tesoros naturales no será la reflexión sino el miedo, la inminencia del desastre, o lo que es aún más grave, el recuerdo del desastre”.
Lo que sucedió al finalizar el 2010, lo que el agua demostró -y de qué manera- y probablemente siga diciendo la atmósfera éste nuevo año, es suficiente para reinventar la Colombia que nos merecemos desde hace todos los desastres y para asumir las correspondientes responsabilidades individuales y colectivas. Es la hora de las síntesis de los problemas y su geo/referenciación en los mapas regionales, la hora de los Encuentros, los Cabildos del Pueblo y las Asambleas Populares, la hora de los Pliegos y Mandatos locales, regionales y sectoriales, la hora de una nación dispuesta a construir y no solo a anunciar la vida digna, de cara a todos los retos geográficos, la defensa de los territorios y los retos ambientales y sociopolíticos que éste 2011 nos impone en cada parte.
Bogotá, Enero 31 de 2011
(material elaborado con los aportes de Colectivos Ambientales y compañer@s de todo el país)

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