zapatero-cartagena-colombiaEn los papeles oficiales, los registros de las cámaras de comercio, industrial, minero, de servicios y demás, que son la referencia de los análisis de la “economía real”, crecimiento, estancamiento, etc. La economía popular no existe, o existe pero como indicador de “problemas”: desempleo, subempleo, pobreza, miseria. No estar en esos registros no importaría, si no fuera porque con base en ellos se hacen los ilustrados análisis, se proyectan cifras, se toman las decisiones económicas macro y demás, como el acceso a cualquier crédito, se aplican políticas, correctivos, se evalúa la gestión de las entidades y los gobiernos, incluso con la pretensión de que de su crecimiento (de esa “economía real”) depende la solución a los “problemas”, en contravía de la experiencia y las evidencias, que muestran la debilidad de esos análisis, por el uso de categorías tradicionales que operan como trampas para eludir la realidad popular, de cara a la solución cierta de los problemas, que no solo crecen, como el desempleo y la pobreza, sino que se diversifican.

Se piensa pobremente cuando se piensa en los pobres. Microempresas, microcréditos, subvenciones, focalización ante urgencia manifiesta, ayuda de paso, caricia psicológica y demás.
Para ir al punto, los pobres y sectores medios no somos el problema sino la solución. Cada gran problema social sugiere una gran empresa asociativa. De hecho, no empresas grandes o pequeñas sino del tamaño de los problemas que se quieren solucionar. Lo que sucede es que cada problema ambiental y/o social, como los deslizamientos, las inundaciones, el desmanejo de residuos, o social (como el hambre, la ausencia de ingresos básicos estables, la vivienda) es sinónimo de consumos masivos, lo cual “habla” de su éxito asegurado, mercado cautivo, le dicen los expertos. A eso se debe la potencia de un “negocio” como el agua: la necesitamos tod@s.
El hambre de medio millón de personas en Bogotá, es la que sugiere la formidable empresa de comercialización de alimentos básicos, transportes, bodegas, comedores, de tal tamaño que se podrían pagar los mejores chefs del mundo y poner al frente del emporio empresarial a los mejores administradores para organizar ese abigarrado conjunto empresarial que significa alimentar cada día semejante “mercado cautivo”. Cuando por un periodo corto (en la Administración de Lucho Garzón) se atendió la bondad de pedir “algo a cambio” a los comensales de los comedores (primero 500 y después 300 pesos) para no agregar a la pobreza material la pobreza espiritual de la perdida de voluntad, generar un mínimo sentido de pertenencia y de derecho a lo público, en la ruta de un horizonte -para esos comedores- como empresas cooperativas o asociativas de y para los más pobres en cada sitio, se produjo rápidamente un fondo multimillonario de varios miles de millones de pesos, que hoy es un asunto suspendido y con distintas interpretaciones, que tiende a la dispersión en una variada gama de empeños precarios y/o aislados, sin alguna relación eficiente con lo que lo propició : el extendido fenómeno del hambre de la ciudad.
Tras los problemas que están en el fondo de las dinámicas actuales de los pobladores tradicionales del Centro de la ciudad, que nos sentimos amenazados por los megaproyectos urbanísticos cuya columna vertebral son las grandes vías ya construidas o en construcción (Trasmilenio por la 10ª y la 26, Avenida 6ª Los Comuneros, Estación Central en La Alameda, Mariscal Sucre en Los Martires) lo que se insinúa de manera clara son los proyectos asociativos de propietarios y arrendatarios, esto es, proyectos de vivienda para su permanencia en el centro, incluso para acoger a quienes por la construcción del eventual nuevo Aeropuerto El Dorado, deben salir de sus inmediaciones, porque allí pasarán de 500 operaciones aéreas diarias a 2.000 operaciones día y noche. Cuantas son esas familias, para donde irán, que plan de contingencia se tiene para ir al fondo : la vivienda digna. Eso no se soluciona con mediadas aisladas, miradas compasivas, créditos blandos y evasivas jurídicas, sino con proyectos del tamaño de los problemas, incluso –como dice la Ley 388/97- constituirse en Unidades de Actuación Urbanística con el prospecto de definir proyectos de vivienda en el marco de Planes Parciales integrales de Barrio e incluso de UPZ (como la 95. Las Cruces/San Bernardo), como dicen los Decretos actuales del POT (619/00) y el mismo Plan Centro (492/07).
En el Mandato Popular del Centro se plantea la declaratoria de la “emergencia económica, social y acción humanitaria en el centro”; el invierno inmediato anterior ayuda a mostrar de que se está hablando y para qué, porque el Gobierno Nacional acaba de usar esa figura jurídica al declarar la “emergencia económica, social y ambiental” (Decreto 4580/2010), lo cual le ha permitido canalizar billonarios recursos, voluntades y propósitos institucionales al corto, mediano y largo plazo. Aquí hablamos de los mal llamados ”habitantes de la calle”, de comunidades indígenas desplazadas, además de miles de familias de todo el país, prostitución -incluso infantil-, rebusque “pa´la que sea”, vendedores ambulantes permanentes, colmatación del “septimazo” todos los viernes de 5 a 9 pm y la ciclovía todos los domingos con decenas de miles de pobres que se acercan al “mercado natural” más grande de la ciudad a rebuscarse.
El IPES los ve como comerciantes “informales” que deben “formalizarse”, incluso se hace contra/campaña que muestra como un cieguito deja de tener problemas con la Policía, organizándose en uno de los (¿300 / 400?) ventorrillos de aluminio donde ahora vende por un cómodo arriendo, porque es “echado pa´lante”.
Por favor, estamos hablando de varias decenas de miles de familias, la “informalidad” en el centro (los pobres) son probablemente quienes más venden “economía formal”, la señora de las “llamadas a celular” no aspira a multinacional de las telecomunicaciones, la venta al paso de cigarrillos “marlboro” o “mustang”, dulces “coffe delait”, papas “margarita” o Códigos de Policía (que también se venden semi/clandestinamente) no aspiran a ser comerciantes de grande ni de pequeño almacén, ni librero experto y dedicado o distribuidor de alguna editorial, sino que están agobiados de necesidades básicas, están pensando en los zapatos rotos de sus niñ@s, en el saquito y la camisita, los cuadernos, la leche, la panela y el pan del cada día, el arriendo de una noche, una pieza por días, una cuota de vivienda o almorzar.
En esas sumas de demandas concentradas están las empresas asociativas no solo posibles, sino necesarias. Quién hace esa exploración, quien hace ese estudio necesario, esa caracterización, porque los expertos en PIB, tasas de crecimiento, exportaciones, finanzas, ahorro, inversión, productividad, competitividad, determinantes endógenos y exógenos del crecimiento económico, no lo han hecho. Para ellos somos “el problema” y nos piensan mucho, de hecho ya han escrito libros y hacen cada vez mejores disertaciones sobre “la pobreza”.
La pobreza que se expresa en el centro (o en cualquier localidad, comuna o municipio) debe analizarse con ojos distintos, esto es, debe hacerse la caracterización de las ofertas y demandas populares, “de la dinámica del rebusque e informalidad del centro” dice el Mandato y sugiere una “Bolsa” de esas ofertas y demandas populares. Se menciona la necesidad de un apoyo efectivo a redes y asociaciones de artesanos y microempresarios (no aisladamente) sino para –ejemplo- la compra asociada de materias primas, racionalización mínima de sus mercados naturales, organización de los festivales de productores asociados y -en general- descubrimiento del potencial asociativo de artesanos del cuero, los metales, las fibras, fruteros, dulceros y demás.
El manejo integral de residuos sólidos (la mal llamada “basura”) se merece un capítulo aparte. Tiene retroalimentaciones (positivas y negativas) con muchos sectores (positivos y negativos), hablamos de bodegas y mercados cautivos “in situ” y a domicilio de papel y/o vidrio pero también de psicoactivos, como en “el Bronx”. Es urgente una política de separación en la fuente (que somos tod@s), recolección selectiva y destino productivo de la mayor cantidad posible de residuos, eso depende, claro, del Distrito, pero en el Centro se puede construir un “se puede” de centros del papel, de los plásticos, los vidrios, los metales, los escombros y de manejo de orgánicos y verdes para producción de suelos y diferentes exploraciones para energías alternativas, deshidratación de orgánicos para el levante de animales como peces, aves y hasta ganado mayor, en fin.
Existe una Mesa de Competitividad con Cundinamarca que puede –pienso que debe- explorar la oportunidad de programas experimentales de producción de suelos para recuperar territorios para la producción alimentaria que hoy acusa procesos de desertificación evidentes y laderas erosionados, pero además para recuperar todas las cuencas y microcuencas de sus provincias y municipios, tan afectadas como mostró el invierno pasado. Se necesita organizar “viveros con semillas de árboles nativos”, pero los suelos –la capa vegetal necesaria- donde pelechen esas plántulas debe producirse. El centro produce no menos de 500 ton/dia de residuos verdes y “desperdicios” orgánicos de sus restaurantes, porque aquí almuerza un millón de comensales promedio/dia, esto es, Bogotá desperdicia 4.000 ton/dia de la materia prima que necesita Cundinamarca y Colombia para producir alimentos y proteger sus cuencas -los suelos y el agua !!-.
Con lo anterior se transmite un panorama muy incompleto de la invisibilidad y paralelamente potencialidad de la economía popular, la propuesta es hacer en el centro una demostración de pensar en grande ante éstos problemas cuyas proporciones nos desbordan, entre otras cosas porque lo que se haga en el centro tiene repercusión Distrital, por aquí transita, almuerza y se rebusca la ciudad a diario, aquí estudian 250.000 universitarios. Así como Bogotá es una Colombia “apretada” (1/5 de la población nacional), el centro lo es de la ciudad, por su importancia y dinamismo, lo que hagamos bien aquí tiene el destino de trascender a la ciudad y al país.
Y démonos “una cucharadita del jarabe que le proponemos a los demás”, me refiero a comenzar “de una” el ahorro sistemático en cada colectivo de cualquier naturaleza (familiar, laboral, estudiantil, político, social, por profesión u oficio), así sea más o menos simbólico (2.000, 5.000, 10.000, 20.000 pesos/mensuales por “socio”), con cuentas iniciales en un cuaderno cualquiera, esas cifras se incrementan, cuando menos se piensa se trata de millones, aparecerán las propuestas de negocios o inversiones, las decisiones colectivas, los debates de criterio y sentido, los procedimiento adecuados, de la total informalidad a la necesidad de unas cuentas, disciplina y controles elementales. Es la escuela económica en vivo que podemos y debemos iniciar.
“A lo DMG” dijo alguien, pues si compañer@s, con el ahorro sistemático se da comienzo a un sentido de pertenencia y propósitos comunes, lo de DMG tuvo la sabiduría de la concentración de las ofertas y demandas y la extensión de las ventas y compras por la ruta cierta de las confianzas familiares, con total independencia del origen de esos “plantes” y “multiplicadores”. Nuestros ofertas y demandas no serían las mismas -ej, electrodomésticos- pero si la producción y consumo de alimentos sanos, los proyectos sociales de vivienda digna, los consumos de temporada escolar o navideña. Hagamos nuestros muchos plantes !!.. y nos estamos hablando, a ver si somos capaces de cambiar de problemas, a ver si somos capaces de construir bases ciertas para una nueva sociedad o por lo menos una manera adicional para enfrentar los ya viejos retos populares.

EDGAR MONTENEGRO
Febrero 8 de 2011

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